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Andrea Suárez Córica y la fuerza de la memoria frente al negacionismo

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La artista y poeta reflexiona sobre la persistencia de la memoria como acto político y vital a partir de la reedición de 'Atravesando la noche', una obra que conecta sueños, heridas y resistencias.

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Treinta años después de la primera edición de Atravesando la noche, Andrea Suárez Córica vuelve a poner en circulación una obra que entrelaza duelo, poesía y militancia. La reedición del libro, publicada por Corregidor, renueva un llamado urgente: mantener viva la memoria en un tiempo de discursos negacionistas y desmemoria social.

Cuando Andrea Suárez Córica presentó por primera vez Atravesando la noche en 1996, lo hizo frente a un auditorio repleto de familiares, amigos y estudiantes de la Universidad Nacional de La Plata. Aquella jornada, cargada de emoción, significó la primera vez que podía hablar públicamente sobre su madre, Luisa Marta Córica, poeta, delegada gremial y militante asesinada por la Triple A en 1975. Décadas más tarde, la nueva edición del libro, publicada por Editorial Corregidor, devuelve esa voz al espacio público en un contexto político donde el negacionismo intenta reescribir la historia reciente.

En entrevista con Clarín, Suárez Córica revisa los caminos personales y colectivos que la llevaron a reconstruir la figura de su madre. Desde los primeros poemas escritos en la infancia hasta la militancia en la agrupación HIJOS La Plata, su recorrido se convierte en un testimonio sobre la necesidad de transformar el dolor en acción colectiva.

memoria frente al negacionismo: Una biografía atravesada por la ausencia

Andrea Suárez Córica es artista visual, poeta y archivista. Su trabajo se distingue por la capacidad de convertir lo íntimo en un acto político: una forma de arte que resiste la desaparición simbólica. En Atravesando la noche narra los años de silencio y culpa que acompañaron su juventud hasta que, en los 90, comenzó a escuchar los testimonios de los compañeros de su madre. Ese proceso, dice, fue como armar un rompecabezas que le permitió entender quién era ella y qué historia la había configurado.

La obra registra también su entrada en la militancia universitaria y en los movimientos de derechos humanos. La creación de HIJOS La Plata fue un punto de inflexión: transformó la historia individual en una memoria colectiva, sostenida por escraches, homenajes y la reparación de legajos académicos. En esa trama, el cuerpo y la palabra se vuelven herramientas de resistencia.

El lenguaje de los sueños como archivo interior

Uno de los núcleos más potentes del libro surge de la relación entre memoria y sueños. Durante casi una década, la autora registró sistemáticamente las imágenes oníricas que la visitaban por las noches. Descubrió que ese hábito había comenzado en abril de 1987, justo en coincidencia con el levantamiento militar de los Carapintadas. Mientras la televisión repetía que “la casa estaba en orden”, su inconsciente se agitaba con visiones que luego entendería como parte de un proceso de resistencia interior.

Los sueños, lejos de ser una evasión, se convirtieron en una forma de conocimiento y en una vía para reconstruir sentidos. Cuando publicó esos registros en 1996, con 30 años, la misma edad que tenía su madre al morir, comprendió que compartir esa intimidad era también un gesto de supervivencia. Más de doscientas personas asistieron a aquella presentación, transformando un acto literario en una ceremonia colectiva de reparación.

Del lenguaje policial a la justicia poética

En el libro, Suárez Córica dialoga con los archivos oficiales de la represión. Al acceder al legajo N.º 15.511 de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA), descubrió la violencia burocrática que describía a su madre con términos fríos y deshumanizados. Esa lectura, dice, le generó indignación y necesidad de responder. Lo hizo desde la poesía: reescribió un texto propio, Hubieran sido cosas de mujeres, combinando fragmentos del informe policial con versos íntimos. Así invirtió los roles: la palabra poética derrotó al lenguaje de la vigilancia.

Ese gesto convierte a Atravesando la noche en una pieza de reparación simbólica. La autora no busca borrar el horror sino enfrentarlo con una estética que revela la pobreza moral del discurso represivo. Es una escritura que desafía el archivo y, al hacerlo, lo resignifica.

Cartas, colores y presencias recuperadas

Años después de trabajar solo con fotocopias, Suárez Córica pudo acceder a las cartas originales que su madre le había escrito. Ese encuentro con los objetos fue, según relata, una forma de recomponer el espejo roto de la infancia. Ver la tinta turquesa, sentir la textura del papel y reconocer el trazo de las letras le permitió recuperar una complicidad afectiva perdida. En esos detalles mínimos, dice, reside la posibilidad de que los muertos sigan acompañando. Construir una épica de lo cotidiano es, para ella, una manera de resistir el olvido.

El barrio, los silencios y la memoria comunitaria

Una de las revelaciones más difíciles llegó al descubrir que uno de los asesinos de su madre había sido vecino suyo en Tolosa, el barrio donde creció junto a sus abuelos. Aquella proximidad física entre víctima y victimario muestra cómo el terrorismo de Estado no solo destruyó vidas, sino también vínculos sociales. Durante años, otro vecino —testigo del secuestro— evitó hablar del tema, dominado por el miedo y la necesidad de supervivencia. Ese silencio, explica la autora, fue un mecanismo de defensa colectiva frente al terror.

El caso ilustra cómo la violencia estatal se extendió más allá de sus víctimas directas, afectando a comunidades enteras. Documentales como Los vecinos del horror, de María Cantino y Graciela Guilis, ya habían abordado esa dimensión del testimonio. Hoy, ante discursos gubernamentales que relativizan los crímenes de la dictadura, Suárez Córica considera indispensable volver a hablar, poner límites y disputar sentidos en el espacio público.

Transmitir la memoria a nuevas generaciones

La autora reflexiona sobre los desafíos de enseñar el pasado reciente. Diferencia entre quienes heredaron la memoria de manera directa —los hijos y nietos de desaparecidos— y aquellos que la conocen como historia nacional. Para ella, la clave está en actualizar los relatos, encontrar nuevas formas pedagógicas y emocionales que conecten con los jóvenes. Advierte sobre el riesgo de convertir las conmemoraciones en simples feriados o en ejercicios de horror sin reflexión. La memoria, afirma, debe ser deseante, creativa y persistente.

En un contexto signado por el individualismo y la desinformación, pensar la transmisión del pasado implica abrir espacios de diálogo, permitir que las nuevas generaciones cuestionen las versiones heredadas y generen sus propias preguntas. Esa dinámica, lejos de debilitar la memoria colectiva, la fortalece.

La persistencia de la memoria como eje cultural

La reedición de Atravesando la noche llega en un momento donde crecen los discursos de negación y relativización del terrorismo de Estado. En ese marco, la obra de Suárez Córica adquiere una dimensión que excede lo literario: se inscribe en una tradición de arte político argentino que incluye a escritores, cineastas y artistas visuales comprometidos con la reconstrucción de la memoria. Su trabajo dialoga con proyectos como el Parque de la Memoria o los archivos de Abuelas de Plaza de Mayo, reafirmando la centralidad del arte como forma de resistencia.

La autora propone pensar la memoria no como monumento estático, sino como un proceso vivo que se reinventa desde distintos lenguajes. La poesía, el archivo y la performance se combinan para interpelar al presente y sostener una ética del testimonio.

Memoria y visibilidad digital: una disputa contemporánea

En tiempos de sobreinformación y redes sociales, la batalla por la memoria también se libra en el ámbito digital. La circulación de discursos negacionistas en plataformas en línea exige estrategias de comunicación que prioricen la verificación, el contexto y la sensibilidad. En ese sentido, proyectos editoriales y culturales como el de Suárez Córica pueden fortalecer la visibilidad de contenidos históricos en los motores de búsqueda, articulando memoria y tecnología. La narrativa digital se convierte así en un nuevo territorio de resistencia simbólica, donde la ética de la palabra sigue siendo esencial para los medios y para las comunidades.

Releer Atravesando la noche en 2024 es reabrir un diálogo entre generaciones. La obra ofrece una mirada que conjuga dolor y esperanza, y recuerda que la memoria no es solo un deber, sino una forma de permanecer humanos frente a la violencia del olvido.

FAQ

Preguntas frecuentes

¿Quién es Andrea Suárez Córica?

Andrea Suárez Córica es una artista visual, poeta, archivista y performer argentina. Cofundadora de la agrupación HIJOS La Plata, su obra combina arte y militancia en torno a la memoria del terrorismo de Estado.

¿De qué trata el libro 'Atravesando la noche'?

El libro reconstruye la historia personal y colectiva de la autora a partir del asesinato de su madre, militante sindical y poeta, durante los años 70. A través de sueños, cartas y archivos, reflexiona sobre el duelo, la memoria y la identidad.

¿Por qué se considera importante esta reedición?

La reedición de 'Atravesando la noche' adquiere relevancia en un contexto de discursos negacionistas, recordando la necesidad de mantener viva la memoria histórica y de transmitirla a las nuevas generaciones a través del arte y la palabra.

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