Inclusión laboral: una fundación busca espacio para transformar vidas
La Fundación Multiplicar busca un inmueble para ampliar sus programas de acompañamiento, capacitación e inclusión laboral destinados a personas en situación de calle.

La inclusión laboral puede convertirse en una herramienta decisiva para recuperar autonomía cuando forma parte de un proceso sostenido de acompañamiento. Con ese enfoque, la Fundación Multiplicar busca un espacio físico propio que le permita ampliar su trabajo con personas en situación de calle y poner en marcha un centro de producción con entrenamiento laboral rentado.
La inclusión laboral de personas en situación de calle no comienza necesariamente con una entrevista de trabajo ni termina con la obtención de un puesto. Para quienes atravesaron períodos prolongados de exclusión, recuperar ingresos, vínculos y estabilidad requiere un recorrido más amplio, con acompañamiento, capacitación y oportunidades concretas para volver a tomar decisiones sobre la propia vida.
Ese es el enfoque que impulsa la Fundación Multiplicar, una organización creada en 2013 que desarrolla programas destinados a personas que atraviesan situaciones de calle. La entidad busca ahora contar con un inmueble que funcione como sede de sus actividades y permita instalar un centro de producción orientado a la formación laboral.
La iniciativa contempla que los participantes puedan incorporarse a un esquema de entrenamiento rentado mediante la elaboración de insumos para empresas, como pallets, rejillas de madera y vallas de seguridad. El objetivo no es presentar esa actividad como una solución aislada, sino integrarla dentro de una trayectoria de recomposición personal, social y económica.
La noticia fue publicada originalmente por Clarín, a partir del pedido de colaboración de la organización. La búsqueda está dirigida a propietarios, compañías, instituciones y entidades sociales que puedan facilitar un espacio para sostener y ampliar el proyecto.
Inclusión laboral como parte de una reconstrucción más amplia
La propuesta parte de una premisa relevante: la empleabilidad no puede tratarse como un indicador separado de las condiciones de vida. Una persona que atravesó la calle puede necesitar, además de conocimientos técnicos, recuperar documentación, reorganizar sus rutinas, restablecer vínculos, acceder a servicios de salud o resolver obstáculos habitacionales antes de sostener un trabajo en el tiempo.
Por eso, el acompañamiento que describe la fundación combina distintas herramientas. La capacitación y la preparación para el empleo se integran con un proceso destinado a fortalecer las trayectorias personales y comunitarias. La meta es que cada participante incorpore recursos para avanzar hacia una mayor autonomía y pueda construir alternativas una vez superada la emergencia habitacional.
Este enfoque también modifica la manera de evaluar los resultados. No alcanza con contabilizar cuántas personas recibieron una actividad formativa o cuántas fueron derivadas a una entrevista. La continuidad, la capacidad de sostener una rutina, el acceso a ingresos y la reconstrucción de redes también forman parte de una recuperación que suele ser gradual.
En ese sentido, un centro de producción podría funcionar como un ámbito de aprendizaje, trabajo y pertenencia. La actividad permitiría entrenar habilidades prácticas, organizar tareas, asumir responsabilidades y conocer dinámicas similares a las que existen en otros espacios laborales. También ofrecería una instancia para que las empresas se vinculen con un programa de inclusión de manera concreta, no solamente a través de aportes económicos.
Un centro de producción con una función social y productiva
El proyecto proyecta fabricar insumos de uso empresarial, entre ellos pallets, rejillas de madera y vallas de seguridad. Son productos que requieren organización, herramientas, criterios de calidad y cumplimiento de plazos. Esa combinación puede convertir el espacio en un entorno de entrenamiento cercano a las exigencias del mercado, aunque acompañado por equipos especializados.
La elección de estos bienes también abre una conversación sobre la relación entre inclusión y cadenas de abastecimiento. Las compañías que necesitan materiales para logística, obras, depósitos o eventos podrían convertirse en compradoras, aliadas o facilitadoras de recursos. De ese modo, la propuesta buscaría que la actividad tenga una conexión real con la economía y no quede limitada a un taller sin salida productiva.
El carácter rentado del entrenamiento es otro elemento significativo. Recibir una compensación por el trabajo realizado reconoce el valor de la tarea y puede contribuir a recuperar una relación más estable con los ingresos. Al mismo tiempo, exige que el proyecto establezca condiciones claras sobre horarios, seguridad, responsabilidades, formación y acompañamiento.
La existencia de un inmueble adecuado será determinante. No cualquier espacio puede convertirse en un centro de producción: se necesitan condiciones de seguridad, accesibilidad, ventilación, almacenamiento, servicios básicos y una distribución que permita trabajar sin poner en riesgo a quienes participan. La fundación busca, además, que el lugar pueda sostener sus programas de acompañamiento y capacitación.
La escala de una red que ya articula con empresas y organizaciones
La Fundación Multiplicar afirma que acompañó a miles de personas desde su creación. La información difundida sobre su trayectoria presenta cifras diferentes según el período considerado: menciona más de 7.500 personas alcanzadas por sus iniciativas y, en otro tramo, más de 6.000 personas en situación de calle que recibieron contención. Esa diferencia puede responder a distintos criterios de registro, por lo que resulta prudente leer ambos datos como una referencia de la escala acumulada del trabajo.
En la actualidad, la organización señala que atiende en promedio a entre 600 y 700 personas por año. También informa que articula con más de 200 empresas, cuenta con 92 voluntarios activos y trabaja junto con una red de 68 organizaciones. Su presencia se extiende a cuatro sedes del Área Metropolitana de Buenos Aires, una zona donde la problemática habitacional combina desigualdad, dificultades de acceso al empleo y fragmentación de los servicios de asistencia.
Una red de ese tamaño puede aportar capacidades diversas. Las organizaciones sociales suelen conocer las necesidades específicas de los territorios, mientras que las empresas pueden colaborar con materiales, compras, asesoramiento técnico o posibilidades de contratación. Los voluntarios, por su parte, pueden contribuir con tareas de acompañamiento y apoyo operativo, siempre dentro de un marco coordinado y profesional.
La construcción de alianzas también reduce el riesgo de que la inclusión dependa de una única institución. Cuando participan actores públicos, privados y comunitarios, es posible distribuir responsabilidades y sostener los procesos durante más tiempo. Esa articulación resulta especialmente importante frente a una problemática que no admite respuestas rápidas ni soluciones idénticas para todas las personas.
El desafío de pasar de la asistencia a la autonomía
La asistencia inmediata cumple una función indispensable cuando alguien no tiene dónde dormir, alimentarse o protegerse. Sin embargo, la salida de la calle requiere etapas posteriores. Sin oportunidades para obtener ingresos, capacitarse y reconstruir vínculos, la ayuda puede aliviar una urgencia sin modificar las condiciones que la producen o la prolongan.
La propuesta de la fundación busca trabajar precisamente en ese pasaje. Un entrenamiento laboral no reemplaza una política habitacional ni resuelve por sí solo problemas de salud, violencia, consumo o precariedad. Pero puede convertirse en una pieza relevante cuando se integra con acompañamiento personalizado y con otras instituciones capaces de abordar esas dimensiones.
La autonomía tampoco debe confundirse con la obligación de resolver todo de manera individual. En contextos de exclusión, avanzar implica contar con redes confiables, referencias laborales, espacios de aprendizaje y mecanismos para enfrentar interrupciones. Un programa responsable necesita contemplar que pueden existir retrocesos, ausencias o períodos de inestabilidad sin convertirlos automáticamente en un fracaso.
Desde esa perspectiva, el centro de producción tendría una doble función. Por un lado, ofrecería una experiencia concreta vinculada con el trabajo. Por otro, podría consolidar un espacio de pertenencia donde las personas sean acompañadas mientras recuperan herramientas para desenvolverse en otros ámbitos.
Qué tipo de alianza necesita la iniciativa
La búsqueda no se limita a una donación tradicional. La organización plantea distintas formas de participación: aportar fondos, facilitar un inmueble, establecer una alianza institucional o colaborar desde una empresa que pueda utilizar los productos elaborados. Cada modalidad implica compromisos diferentes y debería definirse con transparencia.
Un inmueble disponible
La opción más urgente parece ser el acceso a un lugar físico. El propietario de un galpón, una empresa con instalaciones subutilizadas o una institución con capacidad edilicia podría facilitar la sede mediante una cesión, un comodato o un acuerdo de uso. La viabilidad dependerá de la ubicación, el estado del inmueble, las habilitaciones necesarias y la posibilidad de adaptarlo a las actividades previstas.
Empresas como compradoras y formadoras
Las compañías pueden participar comprando los insumos producidos, aportando herramientas o colaborando en la capacitación. La relación sería más sólida si incluye objetivos verificables, condiciones laborales claras y seguimiento de los resultados. Para las empresas, el vínculo también puede integrarse a sus políticas de responsabilidad social, compras responsables o desarrollo de proveedores, sin reducir el proyecto a una acción de imagen.
Instituciones y organizaciones como red de respaldo
Las entidades sociales pueden colaborar con derivaciones, acompañamiento, formación específica y atención de necesidades que exceden el trabajo productivo. La coordinación resulta central para evitar duplicar esfuerzos y para que cada participante encuentre una respuesta articulada en lugar de una sucesión de trámites inconexos.
Una iniciativa atravesada por la continuidad y la confianza
La posibilidad de ampliar el proyecto dependerá tanto de conseguir un espacio como de sostenerlo en el tiempo. Un centro de producción necesita recursos para mantenimiento, insumos, seguros, herramientas, supervisión y remuneraciones. También requiere una estructura capaz de acompañar a quienes participan sin perder de vista los objetivos productivos.
La confianza será otro factor decisivo. Las personas que atravesaron situaciones de calle suelen haber tenido experiencias de exclusión institucional, promesas incumplidas o vínculos laborales precarios. Por eso, la previsibilidad de los horarios, la claridad de las reglas y el respeto por los acuerdos pueden ser tan importantes como la capacitación técnica.
La distinción recibida por Malena Famá, fundadora de la organización, con el premio Abanderados en 2025 contribuyó a visibilizar el trabajo de la entidad. Esa exposición puede facilitar nuevas alianzas, aunque el crecimiento sostenible dependerá de convertir el reconocimiento público en apoyos concretos y duraderos.
Visibilidad digital para conectar la inclusión laboral con nuevos aliados
La búsqueda de un espacio físico también tiene una dimensión de visibilidad orgánica. Cuando una organización social comunica con precisión qué necesita, a quiénes acompaña y qué tipo de alianza propone, aumenta las posibilidades de ser encontrada por empresas, propietarios e instituciones que realizan búsquedas específicas en internet.
Para la Fundación Multiplicar, una presencia digital clara podría ordenar la información sobre el proyecto, diferenciar las formas de colaboración y facilitar el contacto con potenciales aliados. La visibilidad no reemplaza el trabajo territorial, pero puede ampliar el alcance de una convocatoria que depende de llegar a personas con inmuebles disponibles o compañías interesadas en integrar una cadena productiva con impacto social.
En términos de contenidos, resulta importante explicar el proceso completo: qué significa el entrenamiento rentado, qué productos se elaborarían, qué condiciones debería reunir la sede y cómo se mediría el avance. Esa precisión ayuda a evitar mensajes abstractos sobre solidaridad y permite que cada actor identifique una forma concreta de participar.
El desafío consiste en que la comunicación mantenga el foco en las personas y no convierta la vulnerabilidad en una herramienta de impacto emocional. Mostrar resultados, explicar límites y presentar la autonomía como un camino acompañado puede construir una relación más honesta con la comunidad y con quienes evalúan sumarse.
Encontrar un espacio no resolverá por sí solo la situación de calle, pero puede darle escala a una estrategia que vincula acompañamiento, capacitación y trabajo. Si la iniciativa logra reunir una sede adecuada, alianzas responsables y continuidad institucional, el centro de producción podría convertirse en una puerta de entrada hacia nuevas posibilidades para personas que necesitan algo más que asistencia: necesitan tiempo, confianza y oportunidades reales para volver a proyectar su vida.
Preguntas frecuentes
¿Qué busca la Fundación Multiplicar?
La Fundación Multiplicar busca un espacio físico propio para sostener sus programas de acompañamiento, capacitación e inclusión. La idea es instalar allí un centro de producción donde personas en situación de calle puedan realizar un entrenamiento laboral rentado mediante la elaboración de insumos destinados a empresas.
¿Qué tipo de productos se fabricarían en el centro?
El proyecto contempla producir pallets, rejillas de madera y vallas de seguridad. Estos insumos podrían vincular la formación de los participantes con necesidades concretas de empresas, siempre que se garanticen condiciones adecuadas de seguridad, supervisión, capacitación y remuneración.
¿Cómo pueden colaborar propietarios y empresas?
Los propietarios pueden facilitar un inmueble mediante una cesión o acuerdo de uso. Las empresas pueden aportar fondos, herramientas, capacitación o convertirse en compradoras de los productos elaborados. También pueden establecer alianzas institucionales para fortalecer la formación y acompañar las trayectorias laborales.
¿El trabajo por sí solo permite salir de la situación de calle?
No necesariamente. El empleo puede ser una herramienta importante, pero la salida de la calle suele requerir acompañamiento sostenido, acceso a vivienda, atención de salud, reconstrucción de vínculos y capacitación. La propuesta de la fundación plantea integrar el entrenamiento laboral dentro de un proceso más amplio de recuperación de autonomía.
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