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Ferrán Barenblit imagina una nueva era para la Bienal de Shanghái

12 min de lectura

El curador hispano-argentino Ferrán Barenblit prepara la decimosexta Bienal de Shanghái, una exposición que buscará interpretar las transformaciones del presente y proyectar desde el arte las preguntas que definirán el futuro.

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La nueva Bienal de Shanghái tendrá como eje la transición hacia una nueva era. Su curador, el hispano-argentino Ferrán Barenblit, fue designado para dirigir la decimosexta edición de una de las principales plataformas del arte contemporáneo internacional, que se celebrará en noviembre de 2027 en el Power Station of Art de la ciudad china. Desde Buenos Aires, donde presentó una exposición de Isidoro Valcárcel Medina, planteó que la Bienal de Shanghái 2027 será un espacio para comprender el presente, interrogar sus contradicciones e imaginar las formas posibles del futuro.

La designación de Ferrán Barenblit llega en un momento en que las grandes instituciones culturales ya no pueden limitarse a exhibir obras: también deben interpretar transformaciones políticas, tecnológicas, sociales y ambientales que alteran la experiencia cotidiana. La decimosexta Bienal de Shanghái se desarrollará en noviembre de 2027 en el Power Station of Art, un antiguo edificio industrial convertido en museo de arte contemporáneo, y buscará convertir esa tensión histórica en materia de reflexión artística.

Barenblit, nacido en Buenos Aires en 1968 y formado profesionalmente entre España y Estados Unidos, asumió el cargo de comisario jefe el 18 de julio. En una entrevista concedida durante su visita a la capital argentina, definió el nombramiento como un desafío extraordinario y una apuesta de gran escala. Aunque todavía no anticipó artistas, obras ni líneas curatoriales concretas, sí dejó planteada la pregunta que organizará su trabajo: qué papel puede desempeñar el arte frente a las grandes incertidumbres de la contemporaneidad.

La Bienal de Shanghái 2027 mirará el presente para discutir el futuro

El eje anunciado —entender el presente y pensar el futuro— propone una relación activa con el tiempo. No se trata solamente de observar los cambios una vez que ocurrieron, sino de identificar aquellas fuerzas que ya están modificando la vida política, intelectual y emocional de las sociedades. Para Barenblit, muchas de esas transformaciones avanzan de manera gradual y, precisamente por eso, pueden resultar difíciles de reconocer mientras están sucediendo.

La curaduría de una bienal opera en ese espacio intermedio entre la actualidad y la proyección. A diferencia de una muestra concentrada en un movimiento artístico o en una figura histórica, una bienal reúne voces diversas y construye un mapa temporal amplio. Sus exposiciones pueden incluir instalaciones, performances, imágenes, sonidos, obras digitales y dispositivos participativos, pero su verdadera dimensión surge de la conversación entre esas prácticas y el contexto que las rodea.

La próxima edición de Shanghái parece orientarse hacia esa función interpretativa. Las preguntas sobre el futuro no serán presentadas como pronósticos cerrados, sino como problemas abiertos: qué decisiones del presente condicionan lo que vendrá, qué cambios ya son irreversibles y qué formas de convivencia todavía pueden imaginarse. En ese marco, la incertidumbre no aparece como una carencia de información, sino como una condición desde la cual el arte puede producir conocimiento.

Shanghái, una ciudad desde donde el mundo se transforma

La elección de Shanghái como escenario no es un dato secundario. La ciudad funciona como un punto de encuentro entre la historia china, la economía global, la innovación tecnológica y los procesos de urbanización que atraviesan a numerosas metrópolis. Su escala, su infraestructura y su posición internacional la convierten en un observatorio privilegiado para analizar cómo las decisiones tomadas en determinados centros de poder repercuten mucho más allá de sus fronteras.

Barenblit describió a Shanghái como una ciudad global y como un lugar donde el futuro se piensa desde el presente. Esa definición conecta la bienal con debates que exceden el ámbito museístico: la relación entre tecnología y vida cotidiana, la reorganización de las cadenas productivas, los desplazamientos humanos, la crisis climática y la transformación de las instituciones públicas. Ninguno de esos procesos pertenece exclusivamente a una región; todos se manifiestan con intensidades distintas en distintos lugares del planeta.

El Power Station of Art también aporta una dimensión simbólica. Su sede, vinculada a una arquitectura industrial reconvertida para la cultura, permite leer la exposición como un diálogo entre diferentes modelos de producción. El museo no está aislado de la historia material de la ciudad: forma parte de una transformación urbana en la que antiguas infraestructuras adquieren nuevos usos y se convierten en espacios de circulación de ideas.

En esa combinación entre ciudad, institución y programa curatorial reside parte de la relevancia de la cita. La bienal no solo llevará obras a Shanghái; también pondrá a prueba cómo una exposición internacional puede construir una mirada global sin borrar las particularidades del lugar donde se realiza.

El arte como instrumento para detectar cambios históricos

Una de las ideas centrales de Barenblit es que el arte puede ayudar a reconocer el final de un ciclo histórico y el surgimiento de otro. El curador se refirió a la modernidad como un largo período iniciado en algún momento del siglo XVIII, cuyas estructuras políticas, intelectuales y emocionales organizaron buena parte de los últimos doscientos cincuenta años. Con cautela, sugirió que ese mundo podría estar llegando a su fin, aunque admitió que resulta imposible fijar con precisión una fecha de inicio o de cierre.

La afirmación no debe entenderse como una predicción literal. Más bien, expresa una percepción compartida en diversos campos: los marcos que ordenaron la vida moderna —la idea de progreso continuo, la centralidad del Estado nación, la confianza en la razón técnica y la expansión de ciertos modelos económicos— atraviesan tensiones profundas. Esas tensiones no producen una transición uniforme, sino una superposición de tiempos, conflictos y expectativas.

El arte contemporáneo puede trabajar con esa complejidad porque no necesita reducirla a una única explicación. Una obra puede mostrar una experiencia íntima de vigilancia digital, una alteración del paisaje, una memoria familiar marcada por la violencia política o una nueva relación con el cuerpo. Al reunir esas perspectivas, una exposición vuelve visibles conexiones que suelen permanecer separadas en los discursos especializados.

Por eso, la bienal puede funcionar como un espacio de ensayo. Los artistas no están obligados a demostrar una tesis ni a presentar soluciones aplicables de inmediato. Pueden formular imágenes, situaciones y preguntas que todavía no tienen un lenguaje establecido. Esa capacidad de imaginar lo que aún no existe es, para Barenblit, una de las herramientas más valiosas del arte frente al futuro.

La trayectoria de Barenblit entre Buenos Aires, Barcelona y el circuito internacional

La biografía del nuevo curador aporta una perspectiva transnacional a su designación. Barenblit nació en Buenos Aires en 1968 y abandonó la Argentina junto con su familia durante su infancia, en el contexto de la última dictadura militar. Su padre llegó a ser detenido y el traslado a España estuvo relacionado con la persecución política de aquellos años. Esa experiencia forma parte de una historia personal atravesada por la memoria, el desplazamiento y la construcción de una identidad entre territorios.

En España estudió Historia del Arte en la Universidad de Barcelona y luego se especializó en Museología en la Universidad de Nueva York. Su carrera incluye proyectos curatoriales en instituciones como el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, además de exposiciones y responsabilidades profesionales en México y Argentina. También dirigió el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, conocido como MACBA, una institución central para la discusión del arte contemporáneo en España.

Antes de asumir la responsabilidad en Shanghái, fue profesor en la Universidad de Michigan y desarrolló una trayectoria vinculada a la investigación, la gestión museística y la curaduría. Esa combinación resulta significativa para una bienal que deberá articular escalas muy diferentes: la lectura atenta de cada obra, la coordinación de equipos internacionales, el diálogo con una institución anfitriona y la relación con públicos procedentes de contextos diversos.

Su regreso temporal a Buenos Aires se produjo por un motivo igualmente relacionado con la historia del arte contemporáneo. En el Centro Cultural Recoleta participa como comisario de El transcurrir, una exposición dedicada a Isidoro Valcárcel Medina, figura fundamental del arte conceptual. La muestra cuenta con la colaboración de la Embajada de España y del Centro Cultural de España en Buenos Aires, y permite observar la continuidad entre su actividad curatorial actual y su interés por prácticas que cuestionan las formas convencionales de exhibición y percepción.

Una bienal internacional en medio de contradicciones globales

Las bienales se desarrollan en un terreno especialmente sensible. Son acontecimientos culturales capaces de reunir artistas, investigadores, museos, coleccionistas y públicos de distintas regiones, pero también están condicionadas por las relaciones institucionales, los debates geopolíticos y las desigualdades del sistema internacional del arte. Su alcance no depende únicamente de la cantidad de participantes, sino de la capacidad de producir una conversación que no sea superficial ni meramente representativa.

La edición de 2027 tendrá que moverse dentro de varias contradicciones. Deberá pensar globalmente sin convertir lo global en una mirada homogénea; incorporar tecnologías y nuevos medios sin reducir la innovación a una cuestión de efectos visuales; abordar problemas urgentes sin transformar las obras en ilustraciones de consignas; y sostener una experiencia pública amplia sin perder densidad crítica.

También tendrá que considerar el modo en que las instituciones culturales se relacionan con la aceleración tecnológica. La inteligencia artificial, la automatización, la circulación de imágenes y la expansión de los entornos virtuales modifican tanto la producción artística como la manera en que el público accede a la cultura. Sin embargo, la tecnología no elimina las preguntas históricas: las desplaza hacia nuevos soportes y obliga a revisar quién controla las herramientas, qué memorias quedan registradas y qué experiencias son excluidas.

En ese punto, el proyecto de Barenblit puede adquirir una dimensión especialmente relevante. Interpretar el presente no significa acumular referencias a la actualidad, sino observar cómo cambian las condiciones desde las que se construyen las imágenes, los relatos y las formas de conocimiento. Una bienal puede hacer visible esa transformación si evita presentar el futuro como un destino inevitable y lo trata, en cambio, como un campo de disputa.

Qué puede esperar el público de la próxima edición

Por ahora, no se conocen los nombres de los artistas ni la arquitectura definitiva de la exposición. Barenblit lleva pocas semanas en el cargo y todavía se encuentra en una etapa de investigación, conversaciones y diseño conceptual. Esa falta de anuncios concretos no debería interpretarse como una ausencia de dirección: el eje general ya establece una orientación clara, aunque deja abierta la forma que adoptará.

El público puede esperar una edición interesada en las preguntas de largo alcance y no únicamente en las novedades del calendario cultural. La selección final probablemente deberá poner en relación prácticas de distintas regiones, generaciones y disciplinas, siempre que esa diversidad contribuya a discutir el modo en que el presente produce futuro. El desafío consistirá en que esa amplitud no derive en una suma de temas desconectados.

La experiencia de una bienal también se construye fuera de las salas. Conferencias, programas educativos, publicaciones y actividades públicas suelen ampliar el alcance de las obras y permitir que los debates lleguen a comunidades que no participan habitualmente del circuito internacional. En una ciudad como Shanghái, con una población y una vida cultural de escala metropolitana, esa dimensión pública puede ser decisiva para que la muestra no quede encerrada en el lenguaje profesional del arte.

La referencia a Isidoro Valcárcel Medina resulta útil para entender el tipo de sensibilidad que podría atravesar el trabajo de Barenblit. El arte conceptual ha demostrado que una institución puede ser interrogada desde sus propios procedimientos: el tiempo de una visita, la autoridad de una etiqueta, la relación entre obra y espectador o el límite entre una acción cotidiana y un gesto artístico. Esas preguntas, trasladadas a una bienal contemporánea, pueden abrir discusiones sobre cómo se organiza hoy la atención.

La visibilidad digital de una bienal que todavía no abrió sus puertas

La Bienal de Shanghái 2027 empezará a construir su presencia pública mucho antes de noviembre de ese año. Para una institución cultural internacional, la visibilidad orgánica no depende solo de publicar comunicados: requiere desarrollar una arquitectura digital capaz de explicar el proyecto, ordenar sus protagonistas y acompañar las distintas etapas de la programación. El anuncio de Barenblit ya genera búsquedas vinculadas con su trayectoria, el Power Station of Art y el eje curatorial de la próxima edición.

Esto tiene consecuencias concretas para museos, medios culturales y negocios digitales que cubren arte contemporáneo. Las páginas que informen sobre la bienal deberán diferenciar con claridad los datos confirmados —la fecha prevista, la sede, el nombre del curador y el tema general— de las especulaciones sobre artistas o contenidos aún no anunciados. Esa precisión mejora la confianza del lector y evita que una estrategia de visibilidad se apoye en información prematura.

También será importante relacionar las piezas de contenido entre sí: la biografía de Barenblit, la historia del museo anfitrión, el contexto de Shanghái, la agenda de exposiciones y las futuras novedades curatoriales pueden formar un recorrido comprensible. En términos de posicionamiento, una cobertura sólida no se limita a repetir el anuncio inicial; actualiza la información, conserva el contexto y responde las preguntas que aparecen a medida que el proyecto avanza.

La dimensión internacional agrega otra exigencia. Las traducciones, los nombres propios, las fechas y las categorías artísticas deben presentarse de manera consistente para que el contenido sea accesible a lectores de distintos países. Una buena experiencia digital puede ampliar la conversación alrededor de la bienal, pero no reemplaza su trabajo intelectual: la tecnología sirve para conectar públicos con el debate, mientras que el sentido de la exposición dependerá de las obras y de las relaciones que logre establecer entre ellas.

La noticia fue difundida originalmente por Clarín, en su sección Cultura. El anuncio permite seguir desde ahora un proceso que todavía está en construcción y que tendrá su instancia decisiva cuando la bienal abra al público en 2027.

La futura edición no promete respuestas definitivas, y allí reside parte de su interés. En una época marcada por cambios acelerados y contradicciones difíciles de ordenar, Ferrán Barenblit propone que el arte no funcione como decoración del presente, sino como una forma de examinarlo. Shanghái será el escenario de esa búsqueda: un lugar donde la escala global, la memoria histórica y la imaginación del porvenir deberán convivir en una misma exposición.

FAQ

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se realizará la Bienal de Shanghái 2027?

La decimosexta Bienal de Shanghái está prevista para noviembre de 2027. La exposición se desarrollará en el Power Station of Art, una institución dedicada al arte contemporáneo en la ciudad china. Todavía no se comunicaron públicamente todos los detalles de la programación, los artistas participantes ni la estructura definitiva de la muestra.

¿Quién es Ferrán Barenblit?

Ferrán Barenblit es un historiador del arte y curador nacido en Buenos Aires en 1968. Se formó en Barcelona y Nueva York, dirigió el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona y trabajó en instituciones de España, México y Argentina. También fue profesor en la Universidad de Michigan y participó en importantes proyectos curatoriales.

¿Cuál será el tema de la próxima Bienal de Shanghái?

El eje anunciado para la edición de 2027 es entender el presente y pensar el futuro. La propuesta buscará examinar los cambios que están modificando el mundo contemporáneo y explorar cómo el arte puede ayudar a formular preguntas sobre sus consecuencias, sus contradicciones y las posibles formas de una nueva etapa histórica.

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