El asistente de Maradona declaró y reveló tensiones y descontrol en su entorno médico
Maximiliano Pomargo, ex asistente del Diez, declaró en el juicio por la muerte de Diego Maradona y describió un ambiente caótico entre los profesionales que lo atendían, marcados por el ego y la falta de coordinación.

Maximiliano Pomargo, abogado y ex asistente personal de Diego Armando Maradona, brindó una declaración clave en el juicio que investiga las responsabilidades por la muerte del ídolo argentino. Su testimonio, seguido de cerca por la familia del ex futbolista, dejó entrever un entorno plagado de desconfianzas, protagonismos y decisiones médicas sin coordinación efectiva. La audiencia, desarrollada en los tribunales de San Isidro, fue una de las más esperadas del proceso judicial.
La figura de Diego Maradona sigue generando conmoción incluso después de su muerte. En el juicio por las presuntas negligencias médicas que rodearon sus últimos días, las palabras de Maximiliano Pomargo —quien fue su asistente y hombre de confianza— aportaron nuevos matices sobre cómo se organizaba su cuidado y las tensiones que atravesaban al equipo de profesionales.
asistente Maradona declaró reveló tensiones: Un entorno dominado por el desconcierto y los egos
Pomargo, cuñado del abogado Matías Morla y parte directa del círculo íntimo del ex capitán de la Selección Argentina, describió un ambiente donde la figura de Maradona parecía eclipsar la capacidad profesional de quienes lo rodeaban. Según relató ante el tribunal, los médicos y terapeutas “se maradonizaban”, es decir, buscaban destacar a la sombra de su paciente célebre. Esta expresión se convirtió en el eje de su testimonio, al señalar que la notoriedad del Diez generaba comportamientos desmedidos en su entorno sanitario.
El testigo sostuvo que el neurocirujano Leopoldo Luque era el médico de mayor confianza de Maradona y que la psiquiatra Agustina Cosachov se incorporó cuando el ex futbolista comenzó a tener un consumo excesivo de alcohol mientras residía en el barrio Campos de Roca, en La Plata. Sin embargo, la coordinación entre ambos habría sido deficiente, algo que Pomargo reconoció al admitir “una comunicación confusa” y un flujo irregular de información hacia la familia.
Desmejoras visibles y decisiones sin consenso
Durante su exposición, el asistente detalló que en octubre de 2020 ya percibía a Maradona en “caída libre”. Dijo haber advertido a Luque que el estado físico y anímico del ex jugador era preocupante, y que se llegó a discutir si debía ser internado de manera compulsiva. Sin embargo, la voluntad del propio Diego pesaba más que cualquier indicación médica: se oponía con firmeza a una internación psiquiátrica, recordando experiencias traumáticas anteriores.
Una reunión clave se desarrolló el 10 de noviembre de ese año en la Clínica Olivos, donde Luque habría manifestado que no podía continuar como médico del astro. Pese a eso, en la práctica siguió vinculado al seguimiento domiciliario. Pomargo aseguró que no conocía a otro profesional a cargo y que, en la casa de Tigre, la supervisión recaía principalmente en Cosachov, bajo el argumento de que se trataba de un tratamiento de rehabilitación por adicciones.
Testimonios bajo presión y contradicciones
La audiencia estuvo marcada por las reiteradas veces en que Pomargo alegó no recordar ciertos detalles relevantes, lo que llevó a los jueces a advertirlo formalmente. No obstante, su relato permitió reconstruir parte de la dinámica cotidiana de Maradona antes de su fallecimiento.
El asistente relató que los últimos días fueron críticos: observó al ex jugador hinchado y con molestias físicas, especialmente el 17 de noviembre. Aunque primero mencionó haber notado ese estado durante dos días, luego rectificó la fecha, atribuyendo la observación únicamente a la jornada del 17. Esa confusión fue interpretada por la fiscalía como una muestra de la desorganización que reinaba en el seguimiento médico.
La grabación que expuso la desconfianza
Uno de los momentos más reveladores de la declaración fue cuando Pomargo reconoció haber grabado una reunión entre médicos, familiares y la dirección de la Clínica Olivos. Explicó que lo hizo por pedido expreso de Maradona, quien temía que lo internaran en contra de su voluntad. El ex jugador desconfiaba de casi todos y creía que había intereses personales involucrados, una percepción que reflejaba la fractura interna de su entorno.
En esa reunión se discutió la externación domiciliaria tras la operación de un hematoma subdural. Según Pomargo, las hijas de Diego le habían pedido que estuviera presente como testigo del proceso de alta. El registro, que luego se incorporó al expediente, se convirtió en una pieza central para evaluar si hubo negligencia o mala praxis en la toma de decisiones.
Familia, médicos y una relación tensa hasta el final
El entorno familiar de Maradona, especialmente Gianinna y Jana, asistió con atención al testimonio. Pomargo aprovechó para aclarar una frase que generó polémica: “Si Gianinna se lo lleva, lo perdemos”. Según explicó, usó esa expresión para ganar tiempo y poder organizar la mudanza de Diego a una casa más adecuada, negando que la hija hubiera intentado sacarlo de su entorno. “Le pedí disculpas y se las reitero”, afirmó frente al tribunal.
También hizo referencia a la difusión mediática que algunos profesionales buscaron durante el tratamiento. Mencionó haber visto a Cosachov y al psicólogo Carlos Díaz dando declaraciones frente a cámaras, algo que consideró inapropiado. “Les dije que bajaran el perfil, no entendía la finalidad de tanta exposición”, expresó en una frase que resume el caos comunicacional que rodeaba al caso.
Las horas previas al desenlace
Pomargo reconstruyó sus últimos contactos con Maradona. Dijo haberlo visto el 24 de noviembre por la tarde, en la casa del barrio San Andrés, acompañado por el masajista Nicolás Taffarel y por un sobrino del ex futbolista. Diego, según su descripción, estaba molesto y reacio a recibir visitas, pero no evidenciaba signos alarmantes. Al día siguiente, 25 de noviembre, el asistente llegó temprano y compartió mate con el personal doméstico mientras esperaban a los profesionales de salud. No recordó si se habló de cómo había pasado la noche, un detalle que los jueces subrayaron como llamativo.
Pocas horas después, el mundo conocía la noticia del fallecimiento de Diego Armando Maradona, un hecho que desató una investigación penal para determinar si existieron fallas en la atención médica y en el control de su salud durante la internación domiciliaria.
Repercusiones judiciales y mediáticas
El juicio continúa con la participación de varios imputados, entre ellos los médicos Luque y Cosachov, señalados por presunta negligencia. La causa, instruida por la fiscalía de San Isidro, busca establecer si hubo abandono de persona y responsabilidades compartidas entre quienes debían garantizar la seguridad del paciente. La declaración de Pomargo, aunque por momentos difusa, refuerza la idea de que la comunicación estaba fragmentada y que las decisiones se tomaban sin un liderazgo claro.
La prensa argentina cubre cada audiencia con enorme expectativa, evidenciando que la figura de Maradona sigue teniendo un peso simbólico inigualable. La fuente original de esta cobertura puede consultarse en Clarín.
El impacto cultural de un mito en juicio
Más allá de las responsabilidades penales, este proceso judicial expone la fragilidad que rodeó al astro en sus últimos meses. Maradona, un hombre acostumbrado a la adoración y al escrutinio público, vivió su despedida entre médicos, asistentes y cuidadores que no lograron articular una estrategia común. Su muerte, por tanto, no solo reabre preguntas sobre la atención médica en figuras públicas, sino también sobre cómo la fama puede distorsionar vínculos y decisiones críticas.
La dimensión digital y mediática del caso Maradona
El proceso judicial por la muerte del Diez también tiene reflejos en el ecosistema digital. Cada audiencia, declaración o documento judicial genera miles de menciones en redes sociales y portales de noticias, impulsando la visibilidad orgánica de los temas vinculados a su figura. Para los medios, el caso representa un desafío: equilibrar la cobertura informativa con el respeto por la memoria de un ícono global.
Desde una perspectiva SEO, el interés sostenido en torno a Maradona demuestra cómo los temas de alta resonancia emocional mantienen su relevancia a lo largo del tiempo. Sitios dedicados al deporte, la cultura y los negocios digitales aprovechan estos picos de atención para contextualizar el fenómeno, ofreciendo análisis más amplios sobre la gestión de la reputación digital y el legado de las celebridades en entornos conectados.
La historia judicial de Diego Maradona no solo se escribe en los tribunales: también se reconfigura cada día en la conversación pública, donde su figura continúa inspirando, dividiendo y conmoviendo al mundo.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Maximiliano Pomargo y qué rol tuvo con Diego Maradona?
Pomargo fue asistente personal y mano derecha de Maradona durante sus últimos años. También es abogado y cuñado de Matías Morla. Su testimonio en el juicio es clave para entender cómo funcionaba el entorno del ex futbolista y qué decisiones se tomaron en torno a su salud.
¿Qué médicos están imputados en la causa por la muerte de Maradona?
Entre los principales acusados figuran el neurocirujano Leopoldo Luque y la psiquiatra Agustina Cosachov, señalados por presunta negligencia en la atención médica. También hay enfermeros y otros profesionales investigados por su rol en la internación domiciliaria.
¿Qué reveló el asistente sobre los últimos días de Maradona?
Pomargo relató que Maradona se mostraba desmejorado, con dolores y mal humor, y que rechazaba recibir visitas. Explicó que el propio Diego desconfiaba de sus médicos y se oponía a una internación psiquiátrica, lo que complicó la coordinación del tratamiento.
¿Por qué la expresión 'maradonizarse' se volvió relevante en la audiencia?
El asistente utilizó ese término para describir cómo algunos profesionales se dejaban llevar por el magnetismo de Maradona y buscaban protagonismo en lugar de mantener un enfoque clínico equilibrado, un reflejo del descontrol que rodeó sus últimos meses.
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