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Mauricio Guajardo ganó la Bienal del Chaco con una escultura sobre el vacío

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El escultor chileno Mauricio Guajardo obtuvo el primer premio de la Bienal Internacional de Esculturas del Chaco con Cubo etéreo, una obra que transforma la piedra en un espacio abierto a la luz, la sombra y la participación del público.

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El escultor chileno Mauricio Guajardo conquistó la Bienal del Chaco con Cubo etéreo, una pieza que propone mirar la piedra desde aquello que le falta: sus huecos, sus sombras y los espacios que permiten atravesarla con la mirada. Elegido entre diez finalistas de un total de 439 postulaciones provenientes de 70 países, el artista obtuvo el máximo reconocimiento de una de las citas escultóricas más singulares de América Latina.

La consagración de Mauricio Guajardo ocurrió durante la ceremonia de cierre de la Bienal Internacional de Esculturas del Chaco, en Resistencia. Para el artista chileno, el resultado tuvo además un componente inesperado: cuando se presentó a la convocatoria creía que participaría de un simposio de escultura, no necesariamente de un concurso con premios. El anuncio del jurado transformó esa expectativa en un reconocimiento internacional a una trayectoria construida entre talleres, canteras y una relación física con los materiales.

La obra ganadora, titulada Cubo etéreo, parte de una forma geométrica aparentemente elemental. Sin embargo, Guajardo la utiliza como una estructura abierta, donde el volumen deja de ser un bloque cerrado y se convierte en una experiencia espacial. La pieza no busca imponerse por la cantidad de materia, sino por la tensión entre lo sólido y lo ausente. Los cortes permiten que la luz modifique su apariencia y que las sombras introduzcan nuevas formas a lo largo del día.

Mauricio Guajardo Bienal del Chaco: El vacío como materia en la escultura de Mauricio Guajardo

La propuesta de Guajardo se sostiene en una idea que atraviesa buena parte de su trabajo: el espacio vacío no es un simple resultado del tallado, sino una presencia con identidad propia. En Cubo etéreo, la piedra funciona como límite, marco y superficie de entrada hacia una dimensión que no puede tocarse. El espectador completa la obra con su recorrido, su posición y la manera en que observa cada abertura.

En lugar de ocultar los huecos o tratarlos como imperfecciones, el escultor decidió incorporarlos al lenguaje central de la pieza. El efecto cambia según la distancia: desde ciertos ángulos parece prevalecer el bloque, mientras que desde otros la escultura adquiere una apariencia casi arquitectónica. La luz atraviesa los cortes, proyecta sombras y hace que la obra parezca distinta sin que el material se haya modificado.

Ese vínculo con el público fue una de las claves del proyecto. Guajardo explicó que le interesa que las personas puedan habitar la obra, vivirla y jugar alrededor de ella. La afirmación no implica necesariamente un uso funcional, sino una concepción de la escultura como un espacio compartido, capaz de generar movimiento, curiosidad y conversación en un entorno urbano.

Una tradición minera convertida en lenguaje artístico

La relación del artista con la piedra está ligada a su historia personal. Guajardo nació en Rancagua, ciudad ubicada al sur de Santiago de Chile y estrechamente vinculada con la actividad minera. Su padre trabajaba en una mina, y esa cercanía con la tierra excavada, los túneles y las profundidades terminó influyendo en su manera de comprender el volumen.

Antes de dedicarse plenamente a la escultura, comenzó con el dibujo. Sin embargo, su forma de dibujar ya tenía una preocupación espacial cercana a la construcción de objetos y volúmenes. El contacto con distintos maestros lo llevó a profundizar en la escultura y, durante una etapa importante, en el acero forjado. La piedra apareció luego como un material capaz de establecer una relación más directa, sonora y corporal.

El trabajo manual ocupa un lugar decisivo en su método. Guajardo valoró especialmente el sonido de la piedra al ser golpeada con martillo, sin que la máquina interrumpa la percepción de cada impacto. Esa secuencia, comparable por el propio artista con un latido, convierte el tallado en una práctica rítmica. Cada golpe modifica la forma, pero también transmite información sobre la resistencia, las vetas y las fracturas internas del bloque.

Granito, profundidad geológica y tiempo

En Chile, el escultor trabaja principalmente con granito que extrae de la cordillera. La elección no responde solo a sus propiedades físicas. La piedra incorpora una dimensión temporal que excede ampliamente la escala humana: procede de capas profundas de la Tierra y llega a la superficie como consecuencia de transformaciones geológicas acumuladas durante períodos muy extensos.

Ese tiempo profundo aparece en la obra sin necesidad de ser representado de forma figurativa. Las vetas, las variaciones de color y las marcas naturales del material funcionan como una memoria geológica. El escultor no parte de una superficie neutra, sino de un objeto que ya posee una historia anterior a la intervención artística. Su tarea consiste en escuchar esa historia y decidir qué retirar, qué conservar y qué dejar visible.

La mirada de Guajardo también introduce una perspectiva de largo plazo sobre la materia. Las piedras que hoy parecen estables pueden transformarse con el paso de miles de años. Frente a esa escala, la intervención humana aparece como un momento breve, aunque no por eso irrelevante. La escultura registra un encuentro entre una acción contemporánea y un material antiguo.

La Bienal del Chaco, entre el concurso y el museo abierto

La particularidad de la Bienal Internacional de Esculturas del Chaco reside en que las obras se realizan durante el certamen, a la vista del público. Durante diez días, los participantes trabajan en espacios accesibles para los visitantes, que pueden observar el proceso, escuchar los golpes sobre la piedra y comprender que una escultura no surge de manera instantánea.

El formato modifica la relación habitual entre la obra terminada y su audiencia. La comunidad no recibe únicamente un objeto final: presencia decisiones, dudas, avances y accidentes. En ese sentido, la Bienal convierte el trabajo artístico en una experiencia pública. La escultura deja de estar confinada al taller o a la sala de exposición y se integra al ritmo cotidiano de la ciudad.

Guajardo destacó justamente la intensidad del público de Resistencia. Durante su estadía recibió muestras de afecto y también sufrió la mordida de un perro, una anécdota menor que terminó condensando la convivencia entre arte, espacio público y vida urbana. La escena recuerda que las obras no se encuentran en un entorno neutral: comparten las calles con vecinos, animales, tránsito, clima y actividades cotidianas.

El concurso se vincula con una historia que comenzó en 1988, impulsada por el artista Fabriciano Gómez. Desde entonces, Resistencia consolidó una identidad pública alrededor de la escultura y fue reconocida como la Capital Nacional de las Esculturas. Según la información difundida por la organización, la ciudad cuenta con 731 piezas distribuidas en calles, plazas y otros espacios abiertos.

Premios con distintas miradas sobre una misma edición

El reconocimiento principal no fue la única forma de valorar las obras. El segundo premio correspondió al escultor búlgaro Georgi Minchev, autor de Fragmento de algo más grande. El tercer lugar fue para la artista ucraniana Lyudmyla Mysko, por Metaestructura, una pieza que también recibió el reconocimiento de sus colegas.

La edición incluyó además premios definidos por públicos diferentes. El Premio de los Niños Reinaldo O. Martínez fue otorgado por un jurado infantil al artista uzbeko Ulash Urakov por Poesía. El resultado muestra que la recepción de una obra no depende exclusivamente de la lectura especializada: los chicos también construyen criterios de preferencia a partir de la forma, la imaginación y la relación que establecen con cada pieza.

El Premio del Público Juan Alberto García, definido mediante la votación de los visitantes, quedó en manos del escultor bielorruso Alex Sorokin por Movimiento cuántico II. En paralelo, el Premio de los Escultores Efraín Boglietti tuvo un resultado compartido: fueron distinguidas la polaca Anna Rasinska por Fiat lux, expresión que significa Hágase la luz, y nuevamente Lyudmyla Mysko por Metaestructura.

La diversidad de jurados permite observar la Bienal desde varios ángulos. El premio oficial reconoce una evaluación curatorial y técnica; el voto infantil incorpora una sensibilidad distinta; la elección del público registra el impacto directo de la obra; y la opinión de los escultores pondera el conocimiento del oficio. Ninguna de esas miradas reemplaza a las otras, y juntas construyen una cartografía más amplia de la edición.

Las diez esculturas permanecerán en Resistencia

Una vez finalizado el certamen, las diez obras realizadas pasan a formar parte del patrimonio artístico de Resistencia. Esa decisión da continuidad a la experiencia y evita que la Bienal quede limitada a los días de competencia. Las esculturas permanecen en el tejido urbano, incorporándose a recorridos, plazas y espacios que la población puede volver a visitar.

El modelo tiene consecuencias culturales y urbanas importantes. Cada nueva pieza amplía un museo a cielo abierto que no exige ingresar a un edificio ni ajustarse a un horario. La ciudad se convierte en el soporte de una colección internacional, con obras de artistas que llegan desde contextos geográficos, técnicos y culturales diferentes.

También cambia la forma de conservar y comunicar el patrimonio. Una escultura instalada en la vía pública está expuesta a la intemperie, al uso cotidiano y a interpretaciones no previstas por su creador. Esa vulnerabilidad forma parte del desafío: el arte público necesita mantenimiento, señalización y mediación para que las piezas no se vuelvan invisibles con el paso del tiempo.

Qué significa la Bienal del Chaco para la visibilidad cultural en internet

El triunfo de Cubo etéreo también tiene una dimensión digital. Para una bienal internacional, la circulación de imágenes, nombres de artistas y títulos de obras permite ampliar la audiencia mucho más allá de quienes visitan Resistencia. La visibilidad orgánica de la actividad cultural depende de que las páginas institucionales, los medios y los registros patrimoniales describan con claridad quién creó cada pieza, dónde se encuentra y cuál es su contexto.

En este caso, búsquedas asociadas con Mauricio Guajardo, la Bienal del Chaco, la escultura en piedra y el museo a cielo abierto pueden conectar a públicos interesados en arte contemporáneo, patrimonio urbano y procesos creativos. La precisión de esos datos resulta relevante: una ficha incompleta o una imagen sin información puede perder capacidad de ser encontrada, citada y reutilizada por investigadores, periodistas o visitantes.

La noticia fue difundida originalmente por Clarín, cuya cobertura recogió las declaraciones del escultor y el detalle de los reconocimientos. La combinación entre cobertura periodística, archivo institucional y presencia en mapas o sitios culturales puede fortalecer la memoria digital de una obra que, por definición, permanecerá integrada a un espacio físico.

Para los negocios digitales vinculados con cultura, turismo y educación, este tipo de acontecimiento plantea una necesidad concreta: ofrecer información verificable, contextualizada y accesible. No alcanza con publicar una fotografía de la escultura. También es necesario explicar su autoría, materiales, ubicación, historia y relación con la ciudad. Esa información ayuda a que el patrimonio sea comprendido por visitantes locales y por audiencias internacionales.

Una piedra abierta a nuevas lecturas

El reconocimiento a Mauricio Guajardo no premia solamente una forma geométrica. También distingue una manera de entender la escultura como conversación entre materia, tiempo y comunidad. Cubo etéreo propone que el vacío puede ser tan expresivo como el volumen y que una obra pública alcanza su sentido pleno cuando entra en contacto con quienes la rodean.

Cuando las diez esculturas de esta edición queden incorporadas al paisaje de Resistencia, la Bienal continuará más allá de la ceremonia. El público podrá volver sobre ellas con otras preguntas, bajo otra luz y en otro momento. Allí reside una parte esencial de su valor: en vez de clausurar una interpretación, la piedra queda disponible para que cada recorrido descubra una nueva relación entre lo que permanece y lo que falta.

FAQ

Preguntas frecuentes

¿Quién ganó la Bienal Internacional de Esculturas del Chaco?

El primer premio fue para el escultor chileno Mauricio Guajardo, quien participó por primera vez en la Bienal del Chaco. Su obra ganadora se titula Cubo etéreo y fue elegida entre diez finalistas seleccionados de un conjunto de 439 postulaciones provenientes de 70 países.

¿Qué representa Cubo etéreo?

Cubo etéreo explora la relación entre la piedra y el vacío. Guajardo incorporó aberturas para trabajar con la luz, la sombra y los espacios ausentes. La obra busca que el público la recorra y la experimente como una estructura abierta, en lugar de contemplarla únicamente como un bloque escultórico.

¿Qué ocurre con las esculturas después de la Bienal del Chaco?

Las diez obras realizadas durante el certamen pasan a formar parte del patrimonio artístico de Resistencia. Se incorporan a calles, plazas y otros espacios públicos de la ciudad, reconocida como la Capital Nacional de las Esculturas por la cantidad y continuidad de su colección urbana.

¿Qué otros premios se entregaron durante la edición?

Georgi Minchev obtuvo el segundo premio y Lyudmyla Mysko, el tercero. Ulash Urakov recibió el Premio de los Niños, Alex Sorokin ganó el Premio del Público y Anna Rasinska junto con Lyudmyla Mysko compartieron el Premio de los Escultores.

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