Camalotes en San Vicente: ciencia argentina contra una invasión silenciosa
La Laguna del Ojo enfrenta la expansión del camalote, una especie acuática invasora que amenaza su biodiversidad. Investigadores y la comunidad ensayan un control biológico con insectos nativos.

Los camalotes en San Vicente avanzan sobre la Laguna del Ojo y obligan a la ciencia argentina a intervenir antes de que el espejo de agua pierda buena parte de su superficie y de sus funciones ecológicas. A unos 50 kilómetros del Obelisco, la Reserva Natural Laguna de San Vicente reúne biodiversidad, historia y una red de humedales pampeanos particularmente sensibles a la contaminación, la sedimentación y el crecimiento urbano.
Los camalotes en San Vicente ya no son una presencia ocasional en el paisaje. La planta acuática Pontederia crassipes, conocida popularmente como camalote o jacinto de agua, se extendió sobre la Laguna del Ojo hasta convertirse en una amenaza para uno de los humedales más reconocibles del Conurbano sur. El desafío consiste en reducir su avance sin dañar un ecosistema que también enfrenta exceso de nutrientes, falta de oxígeno, proyectos inmobiliarios y transformaciones históricas de la cuenca.
San Vicente suele aparecer asociado a la política y a la quinta de Juan Domingo Perón, donde descansan sus restos. Sin embargo, para sus habitantes la laguna ocupa un lugar central en la identidad local. Sus aproximadamente 180 hectáreas forman un espacio de recreación, investigación y refugio para más de un centenar de especies de flora y fauna. La expansión del camalote amenaza esa relación cotidiana con el agua y puede acelerar procesos que ya afectan a numerosas lagunas de la provincia de Buenos Aires.
La información de base de esta investigación fue publicada originalmente por Clarín. El caso permite observar, con una escala local, un problema ambiental de alcance internacional: una especie originaria de Sudamérica que se instaló en regiones donde no formaba parte de la comunidad vegetal natural y que ahora requiere estrategias de manejo sostenidas.
camalotes en San Vicente: Por qué el camalote encontró condiciones favorables en San Vicente
El camalote es una planta flotante capaz de formar densas coberturas sobre la superficie. Sus hojas y tallos le permiten mantenerse en el agua, mientras que su crecimiento vegetativo facilita la expansión de nuevos ejemplares. En vez de depender únicamente de la reproducción por semillas, puede generar plantas genéticamente idénticas a partir de estructuras laterales. Esa capacidad de clonación contribuye a que una pequeña introducción termine ocupando sectores amplios.
La especie está presente en más de 60 países y, aunque es nativa de Sudamérica y de algunas regiones argentinas, no pertenece naturalmente a la zona pampeana donde se ubica la laguna de San Vicente. En ambientes cálidos, con agua quieta y abundancia de nutrientes, puede multiplicarse con rapidez. El aumento de la temperatura también favorece su desarrollo, una característica que vuelve más compleja su gestión en un escenario de cambios climáticos.
La investigadora Ana Faltlhauser y el científico Alejandro Sosa, integrantes de la Fundación para el Estudio de Especies Invasivas, estudian el comportamiento de la planta y las alternativas para limitarla. Su diagnóstico es que el camalote está completamente adaptado a las condiciones de la laguna. Por eso, una extracción puntual no alcanza: si quedan fragmentos o si la cuenca continúa aportando nutrientes, el problema puede reaparecer.
Una planta que modifica el funcionamiento del agua
Cuando el camalote cubre una parte importante de la superficie, reduce el ingreso de luz y altera el intercambio de gases entre el agua y la atmósfera. La descomposición de la biomasa consume oxígeno y puede generar condiciones desfavorables para peces, invertebrados y microorganismos. La cobertura también modifica la temperatura del agua y dificulta la circulación, especialmente en sectores poco profundos y con escaso movimiento.
Claudia Feijoó, investigadora del Programa de Biogeoquímica de Ecosistemas Dulceacuícolas, vincula la expansión del camalote con la acumulación de amonio producida por la descomposición biológica. En aguas estancadas y con poco oxígeno disuelto, ese ciclo puede retroalimentarse. La planta aprovecha los nutrientes disponibles y, al crecer y morir, contribuye a aumentar la carga orgánica del sistema.
El fenómeno se relaciona con la eutrofización, un proceso provocado por el exceso de nutrientes que deteriora la calidad del agua. En distintas lagunas bonaerenses también se registran floraciones de cianobacterias, aunque los investigadores señalan que la presencia extendida de camalotes se concentra, dentro de este conjunto de ambientes, en el caso de San Vicente.
El pequeño ejército de insectos que propone la ciencia
Frente a una especie invasora de crecimiento veloz, los equipos de investigación ensayan un método que busca recuperar parte del equilibrio ecológico original. La herramienta es el control biológico mediante insectos que se alimentan específicamente del camalote. La estrategia no pretende eliminar de inmediato cada planta, sino disminuir su vigor y su biomasa para que el sistema pueda recuperar capacidad de respuesta.
Entre los organismos utilizados se encuentran Megamelus scutellaris, una chicharrita que succiona la savia, y Neochetina bruchi, un gorgojo que consume las hojas. Ambos son nativos de la región y fueron estudiados durante años antes de ser empleados en programas de manejo dentro y fuera de la Argentina. Al atacar distintos tejidos, los insectos debilitan las plantas y reducen su capacidad de formar una cobertura continua.
Según los investigadores de FuEDEI, las pruebas realizadas en San Vicente registraron una reducción cercana al 60 por ciento de la biomasa del camalote desde la aplicación del control biológico. El dato no equivale a la desaparición de la especie ni permite considerar resuelto el problema. Sí indica que, al achicar las plantas, disminuye el esfuerzo necesario para complementar el tratamiento con remoción mecánica.
La combinación de métodos es importante. Retirar plantas con maquinaria o de manera manual puede liberar sectores de agua en el corto plazo, pero implica costos, logística y una vigilancia permanente. El control biológico actúa de forma gradual y requiere tiempo, monitoreo y reproducción continua de los insectos. Ninguna de las dos herramientas, por separado, garantiza una solución estable.
La experiencia de La Rioja que funciona como antecedente
La investigación sobre el camalote en San Vicente también recupera una experiencia desarrollada en el dique Los Sauces, en La Rioja. Allí, un estudio considerado uno de los casos más extensos de control biológico de esta planta documentó un cambio profundo en el ambiente. En el registro comparativo, el agua que décadas atrás aparecía cubierta por una tonalidad verde dejó de mostrar plantas en la superficie durante el período analizado.
El antecedente no puede trasladarse de manera automática a la laguna bonaerense. Cada humedal tiene una dinámica propia, determinada por la profundidad, el clima, el ingreso de sedimentos, la calidad del agua y la relación con los cursos que lo alimentan. Sin embargo, demuestra que la reducción sostenida de una especie invasora puede permitir el retorno de funciones ecológicas que habían quedado debilitadas.
El profesor Martin Hill, presidente de la Organización Internacional de Control Biológico y especialista en entomología, observó el caso de San Vicente durante una visita a la Argentina. Desde su experiencia en Sudáfrica, explicó que el camalote suele prosperar especialmente en aguas contaminadas. En regiones frías, el manejo requiere programas prolongados de cría y liberación de insectos, acompañados por educación comunitaria.
La relación entre investigación y participación social aparece como una de las claves del programa. La Escuela Secundaria Agraria de San Vicente funciona como un nodo para la cría de los insectos que luego se liberan en la laguna. La institución también ayuda a explicar por qué no se debe trasladar la planta de un ambiente a otro ni arrojar ejemplares en cursos de agua, una práctica que puede iniciar nuevas poblaciones.
Una laguna moldeada por la geología y presionada por la urbanización
La vulnerabilidad de la Laguna del Ojo no depende únicamente del camalote. Las lagunas pampeanas son cuerpos de agua poco profundos que se desarrollan en una llanura con pendientes reducidas. Eduardo Rosello, profesor del Instituto de Geociencias Básicas, Aplicadas y Ambientales de la Universidad de Buenos Aires, describe estos ambientes como el resultado de una interacción entre hundimiento y sedimentación.
La dinámica tectosedimentaria mantiene abiertas determinadas depresiones mientras ingresan sedimentos. En una región tan plana, los ríos y arroyos avanzan lentamente hacia sus niveles de base. La conexión del arroyo San Vicente con la cuenca del río Salado y, finalmente, con la Bahía de Samborombón, integra la laguna a un sistema más amplio que desemboca en uno de los humedales costeros relevantes de la Argentina.
Esto significa que una alteración en la laguna puede tener consecuencias aguas abajo y que la prevención no debería limitarse al espejo principal. Feijoó y su equipo trabajan también sobre la cuenca del Samborombón, con la idea de establecer una zona de protección en un espacio que todavía conserva sectores poco alterados. Observar los afluentes resulta esencial: los investigadores ya detectaron camalotes río abajo y consideran posible que la propagación continúe si no se interviene a tiempo.
La presión inmobiliaria agrega otro nivel de complejidad. La recuperación de un predio cercano a la reserva, después de un litigio con desarrolladores de un barrio privado, amplió el espacio disponible para la protección ambiental. Pero la existencia de nuevas áreas no elimina los riesgos. Las obras sobre la ribera pueden modificar escurrimientos, aumentar el aporte de sedimentos y nutrientes, reducir zonas de amortiguación y fragmentar hábitats.
Controlar no significa borrar la especie de un día para el otro
Los especialistas advierten que el camalote probablemente continuará presente. En una cuenca conectada y con condiciones ambientales favorables, la erradicación absoluta resulta poco realista. El objetivo más razonable es mantener la población por debajo de un nivel que permita conservar la superficie de agua, el oxígeno disponible y la diversidad del humedal.
Ese enfoque modifica la forma de evaluar el éxito. No alcanza con contar cuántas plantas se retiraron en una jornada. También es necesario medir la cobertura, la biomasa, la calidad del agua, la concentración de nutrientes, la presencia de fauna y la recuperación de otros organismos vegetales. Un programa serio debería establecer puntos de monitoreo y series de observación que permitan saber si el avance se frena o si simplemente se desplaza hacia otro sector.
La educación ambiental cumple una función concreta en ese esquema. Vecinos, estudiantes, visitantes y propietarios de terrenos cercanos pueden evitar nuevas introducciones y alertar sobre cambios en los afluentes. La diplomatura en plantas invasoras de ambientes acuáticos, impulsada junto con el centro universitario, contribuye a formar personas capaces de reconocer especies, comprender sus vías de dispersión y participar en acciones de vigilancia.
La experiencia también plantea una enseñanza para otras reservas periurbanas: la conservación no puede pensarse aislada del territorio. El agua, los residuos, las obras, las prácticas recreativas y las decisiones sobre el uso del suelo forman parte del mismo problema. Proteger una laguna exige intervenir en la cuenca que la alimenta.
Qué cambia para la visibilidad digital de los proyectos ambientales
El caso de la Laguna del Ojo tiene una dimensión relevante para la comunicación y la visibilidad orgánica de iniciativas científicas. Las búsquedas relacionadas con camalotes en San Vicente no responden únicamente a una curiosidad ambiental: también expresan necesidades concretas de vecinos, docentes, investigadores, visitantes y organizaciones que buscan saber cómo identificar la planta, dónde informar su presencia y qué medidas no deberían tomar.
Para reservas, universidades y entidades públicas, explicar el problema con información verificable puede mejorar la calidad de la conversación digital. Las páginas que detallen el estado del humedal, las vías oficiales de contacto, los métodos de control y los resultados del monitoreo tienen más posibilidades de responder consultas específicas que los contenidos centrados solo en imágenes impactantes. La claridad sobre aquello que todavía se desconoce también es parte de una comunicación científica responsable.
En este tipo de temas, la autoridad no surge de exagerar el alcance de una intervención, sino de documentar el proceso: quién investiga, qué especie se utiliza para el control biológico, qué indicadores se observan y cómo participa la comunidad. Esa trazabilidad permite distinguir entre una solución experimental, una acción de mantenimiento y una política de conservación de largo plazo.
La laguna seguirá necesitando trabajo aun cuando la superficie se vea menos cubierta. El control de los camalotes en San Vicente será una tarea permanente, vinculada con la calidad del agua, la protección de los afluentes y el cuidado de la reserva. La combinación de ciencia local, cooperación internacional y participación educativa ofrece una vía posible para que el humedal conserve su identidad sin quedar atrapado entre la invasión vegetal y la presión urbana.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el camalote y por qué resulta problemático en San Vicente?
El camalote es una planta acuática flotante que puede multiplicarse rápidamente y formar coberturas densas. En la Laguna del Ojo reduce el ingreso de luz, altera el intercambio de oxígeno y aprovecha el exceso de nutrientes del agua. Al no ser una especie propia de esa región pampeana, puede desplazar comunidades vegetales y afectar el funcionamiento del humedal.
¿Cómo se intenta controlar el camalote en la Laguna del Ojo?
El programa combina remoción mecánica con control biológico. Investigadores crían y liberan insectos que se alimentan específicamente del camalote, como una chicharrita y un gorgojo. Estos organismos debilitan las plantas y reducen su biomasa. El método es gradual, requiere seguimiento y no implica que la especie desaparezca por completo.
¿La contaminación favorece la expansión del camalote?
Las aguas con exceso de nutrientes pueden favorecer el crecimiento del camalote. La descomposición de materia orgánica también consume oxígeno y genera condiciones que la planta puede aprovechar. Por eso, controlar la invasión exige observar no solo la vegetación, sino también los aportes de nutrientes, el estado de los afluentes y la calidad general del agua.
¿Qué puede hacer la comunidad para evitar que se propague?
No se deben trasladar camalotes entre lagunas, arroyos o canales ni liberar plantas en ambientes naturales. También es útil informar rápidamente la aparición de nuevas coberturas a las autoridades o instituciones científicas locales. La participación de escuelas, visitantes y vecinos ayuda a detectar cambios y a sostener las acciones de monitoreo.
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