El tripulante argentino que cambió los cielos por el rescate en Venezuela
Christian Luccisano, tripulante de Aerolíneas Argentinas, viajó a La Guaira tras los terremotos de junio para sumarse como voluntario del CEPA. Su historia revela el valor humano detrás de las tragedias y la importancia de la solidaridad argentina en crisis internacionales.

Christian Luccisano lleva dos décadas siendo tripulante de Aerolíneas Argentinas. Sin embargo, cuando Venezuela fue golpeada por un doble terremoto, decidió abandonar temporalmente las rutas aéreas para unirse a un equipo de rescatistas en La Guaira. Su participación junto al Cuerpo de Evacuación y Primeros Auxilios (CEPA) lo transformó en testigo y protagonista de una de las labores humanitarias más intensas que recuerdan los voluntarios argentinos.
El 24 de junio, dos sismos devastaron el norte de Venezuela. En medio del caos y la urgencia, un grupo de sesenta socorristas del Cuerpo de Evacuación y Primeros Auxilios (CEPA) partió desde Argentina en un vuelo humanitario encabezado por el médico y piloto Enrique Piñeyro. Entre ellos estaba Christian Luccisano, conocido por sus colegas de Aerolíneas Argentinas como “el Colo”.
tripulante argentino rescatista en Venezuela: De los pasillos del avión a los escombros de La Guaira
Durante veinte años, Luccisano se encargó de asistir pasajeros en vuelos de largo alcance. Pero cuando escuchó que CEPA necesitaba manos para colaborar con los rescates en Venezuela, no dudó. “Sentí que debía estar ahí”, contó a Clarín. En menos de 48 horas, dejó su casa en La Paternal, se despidió de su esposa venezolana, Josmar, y de su pequeño hijo, Salvatore, para volar hacia el epicentro del desastre.
Ya en La Guaira, la magnitud del daño superaba cualquier entrenamiento previo. Edificios de más de diez pisos colapsados, familias buscando señales entre los restos, un clima de desolación que solo la solidaridad podía contener. “No éramos simples voluntarios: estábamos devolviendo algo de esperanza”, expresó.
El aprendizaje bajo presión extrema
Con apenas conocimientos básicos de primeros auxilios adquiridos en su formación aeronáutica, Luccisano se integró rápidamente al operativo. En pocos días, aprendió a manejar herramientas pesadas, a trabajar entre grietas inestables y a sostener emocionalmente a familiares desesperados. “Es distinto asistir en un avión que remover toneladas de concreto. Acá cada minuto puede significar una vida”, relató.
Las jornadas superaban las doce horas. El equipo se organizaba para rotar turnos, mantener la seguridad y garantizar que ningún rescatista trabajara sin descanso. En las noches, dormían en un campamento improvisado en el Club Tanaguarena, donde la solidaridad local se manifestaba en comida, agua y palabras de aliento.
Un vínculo afectivo que impulsó la decisión
La conexión de Christian con Venezuela no nació con el terremoto. Durante años, fue parte de la tripulación en la ruta Buenos Aires–Caracas. En uno de esos vuelos, conoció a Josmar, recepcionista del Hotel Marriott de la capital venezolana. La relación creció hasta que ella se trasladó a Buenos Aires. El matrimonio tuvo un hijo y formó una familia binacional, lo que hizo aún más profunda la motivación de Luccisano para participar del rescate. “Era mi manera de devolverle algo a esta tierra que me dio tanto”, reconoció.
El trabajo conjunto del CEPA
El CEPA, originado en Puerto Madryn, se consolidó en los últimos años como una organización de referencia en emergencias. Su estructura combina profesionales de salud, bomberos, psicólogos y voluntarios civiles. En Venezuela, su accionar fue clave para coordinar tareas junto a fuerzas locales. “Nos respetaban porque lográbamos resultados. Cada cuerpo hallado era una historia cerrada, una familia que podía iniciar el duelo”, explicó Luccisano.
El operativo enfrentó obstáculos: temperaturas elevadas, réplicas sísmicas y escasez de recursos. Sin embargo, la coordinación técnica permitió trabajar con seguridad. “Nada fue improvisado. Teníamos roles definidos, zonas delimitadas y asistencia psicológica para sostenernos emocionalmente”, destacó.
El impacto emocional y el peso de la experiencia
En medio del relato, Christian admite que hay imágenes imposibles de borrar. “Encontrar a una madre abrazada a su bebé fue devastador. En ese momento entendí que nuestra tarea iba más allá de rescatar cuerpos: significaba ofrecer paz a quienes perdieron todo”.
El agotamiento físico se combinaba con el peso psicológico. Muchos rescatistas recurrían a charlas nocturnas para procesar lo vivido. “Cuando apagábamos las linternas, el silencio era tremendo. Pero había algo más fuerte: la convicción de que estábamos haciendo lo correcto”.
Una lección de humanidad y prioridades
Después de nueve días de trabajo ininterrumpido, el equipo regresó a Argentina. Christian volvió distinto. Perdió peso, ganó perspectiva y se llevó un aprendizaje vital: “Estas experiencias te cambian el orden de las prioridades. Lo material pasa a segundo plano”.
Al retornar, Aerolíneas Argentinas lo recibió con apoyo institucional. Se reincorporará a su vuelo a Roma a fines de julio, aunque reconoce que el contraste será fuerte. “Pasar del ruido de los motores al silencio de los escombros me dejó otra mirada sobre la vida”, afirmó.
Solidaridad argentina en emergencias internacionales
El caso de Luccisano reaviva el debate sobre el papel de Argentina en misiones humanitarias internacionales. A lo largo de la última década, distintas organizaciones civiles y estatales participaron en desastres de Haití, Chile, Turquía y ahora Venezuela. Esa presencia refuerza la imagen del país como referente regional en solidaridad y respuesta rápida ante catástrofes.
El CEPA, en particular, combina profesionalismo con entrega personal, y su participación en este operativo demuestra que la capacitación local puede tener impacto global. La colaboración con autoridades venezolanas marcó un precedente de cooperación entre países sudamericanos en contextos de emergencia.
Reflexiones sobre el valor del rescate
Christian asegura que convertirse en rescatista fue “un voto de confianza en la humanidad”. Cada cuerpo hallado representaba, para él, una pequeña victoria en medio de la tragedia. “Darle un pedacito de paz a los familiares no tiene precio”, repite. Aun sabiendo que muchas víctimas seguirán desaparecidas, siente que haber estado allí fue un deber moral.
Su historia se multiplica en cientos de voluntarios que, lejos de los reflectores, ponen cuerpo y alma en situaciones límite. Historias que recuerdan que la empatía puede ser un motor tan poderoso como la técnica.
Cómo esta misión fortalece la reputación digital de las aerolíneas y los equipos solidarios
Desde la óptica de visibilidad orgánica y reputación digital, el caso de Christian Luccisano refuerza el valor de las marcas y organizaciones que promueven acciones humanas y transparentes. En tiempos en que los consumidores eligen compañías con propósito, el compromiso social de empleados genera un impacto tangible en la percepción online. Aerolíneas Argentinas, al apoyar la licencia de su tripulante, proyectó una imagen de empatía y responsabilidad social que enriquece su posicionamiento institucional.
Asimismo, el CEPA consolidó su presencia en medios y redes a través de contenidos auténticos que muestran resultados concretos. Estas narrativas fortalecen la confianza pública y potencian la búsqueda orgánica vinculada a ayuda humanitaria y voluntariado argentino. En un entorno digital saturado, las historias reales de servicio y coraje marcan diferencia frente a estrategias publicitarias tradicionales.
Luccisano resume la enseñanza con claridad: “No hay mejor recompensa que sentir que ayudaste a otro ser humano”. Ese mensaje, compartido en canales digitales, inspira, posiciona y conecta emocionalmente con audiencias que valoran la acción y la solidaridad.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Christian Luccisano?
Es un tripulante de Aerolíneas Argentinas con veinte años de experiencia que se unió como voluntario del CEPA en las tareas de rescate tras los terremotos ocurridos en Venezuela.
¿Qué es el CEPA?
El Cuerpo de Evacuación y Primeros Auxilios (CEPA) es una organización argentina de voluntarios especializados en respuesta a emergencias y desastres naturales. Nació en Puerto Madryn y hoy tiene alcance nacional e internacional.
¿Por qué viajó Luccisano a Venezuela?
Decidió sumarse al operativo de rescate en La Guaira por su vínculo familiar con el país y su deseo de colaborar tras el doble terremoto que afectó la región.
¿Qué impacto tuvo esta experiencia en su vida?
Lo marcó profundamente, cambiando sus prioridades personales y su visión sobre la solidaridad. Considera que rescatar cuerpos y acompañar a las familias fue una lección de humanidad.
¿Cómo influyó este hecho en la imagen de Aerolíneas Argentinas?
Al apoyar la misión humanitaria de su empleado, la compañía reforzó su compromiso social y proyectó una imagen positiva en medios y redes, fortaleciendo su reputación digital.
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